La ultima gota de lluvia cayó a mis espaldas, como una vieja lágrima que nunca quize llorar.
Escapó de mis ojos y, pesada como una cuerda grave de piano, tocó la acera. No me dejó verla, ni llorarla.
La ultima gota de lluvia cayó a mis espaldas, como una vieja lágrima que nunca quize llorar.
Sangrado por
P.Anne&F
a las
8:20 a. m.